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El guerrero de piel de piedra (el penacho de turquesa) 2ª parte.

(el penacho de turquesa) 2ª parte.

—¡Pss, pss! por aquí don güero; veo que regreso; ¿siempre si tuvo tiempo de regresar?

» Qué bueno don güero; ¿a que vino por la otra parte de la historia?

» Veo que hoy vino solo, ha bien.

» Pero conoce las reglas, y como ayer, es hora de mover el bigote, de descansar y de disfrutar la ciudad sagrada.

» Venga mi amigo hoy traje empanadas de nanacate; mire que doraditas están, asómese al “tenate” veo que no las conocía; pero no les tenga miedo cuando las pruebe será de sus preferidas.

» Venga púes, acérquese al fogón; no, no mi señor güero no hay fuego, es un decir…

» Vea en este “botecito” hay guacamole; sé que parece salsa, pero no lo es; écheselo encima y luego espolvoree eso blanco, ese queso es especial; hecho en casa mi apreciable amigo.

» Y por último el toque final “chiliasteco” esa plasta en el “totomoxtle” es un poco picoso pero tanto como para que un paladar como el suyo lo resista; ahora convine los sabores ¿ve? ah sí; ese sabor que siente en cada bocado no es carne; es un hongo que crece por aquí, a veces sabe a pollo a veces a res, pero siempre es delicioso; lo ve? Devuelta al paraíso…

» Y ahora volvamos a la época de los penachos grandes…

» Imagínese este lugar mi paciente y culto amigo, si justo ahí, pues aunque no fue donde comenzaron estas historias fue donde paso lo más importante; viaje en su mente al esplendor mixteca de la ciudad sagrada, donde estos montículos mitad piedra; mitad tierra eran fachadas rojizas y verdosas; antes de que este monolito fuera esculpido.

» Este guerrero regresaba de su primera batalla cubierto de gloria y en su itacate, el cráneo de un enemigo escogido de entre todos por su rango; enemigo quien defendería su vida hasta el último momento, y cuando fuese el momento, sería un enemigo que atestiguaría el honor de haber sido ayudado a cruzar al reino de los espíritus en honorable batalla.

» Así marchaban a paso veloz aquellos jóvenes, menos de la mitad de los que se fueron; aquellos guerreros que partieron siendo niños aún; regresaban con heridas, con cráneos enemigos que probaban que eran guerreros, mixtecas, pero sobre todo hijos honorables de esta tierra. Así como se lo cuento don güero la guerra era cosa importante “andenantes” en la época de los antiguos.

» Y así merito don güero aquel guerrero fue condecorado con su nariguera turquesa y fue aceptado en la casa de la luna, templo del sagrado nahual del tlacuache; uno de los catorce generales de este señorío; Pues ha de saber don güero que por tan distintivo honor de traer un cráneo enemigo; aquel muchacho podía elegir regresar a casa y buscar casorio.

» Pero la historia y el señorío tenían otra cosa para él en su destino.

» Y así paso el tiempo mi estimado y noble amigo; como pupilo del sacerdote nahual del tlacuache aprendió las artes más ocultas de la guerra y del espíritu; y como se lo conté, este guerrero traía la inspiración de los dioses en su cabeza; mejoró las armas mixtecas. Imagínese don güero; con las artes y conocimiento de su maestro encontró como volver la piel de los escudos como coraza de tortuga, y no solo eso, encontró la manera de impregnar y pegar veneno a la obsidiana de lanzas y flechas; pero su más grande logro don güero fue la construcción de una armadura de piedra, así como lo oye mi estimado y noble amigo, con lajas del tamaño de una yema de dedo, hechas de ónix y jade, revistió un chaleco de algodón, como escamas de serpiente; y cuentan que no había flecha que lastimara su pecho o espalda. Pero como le dije andenantes el destino alcanza a todo guerrero.

» Y sucedió que un día su maestro le encomendó un encargo grande y de mucha responsabilidad; pues los destinos de dos grandes razas estaban entrelazados con la guerra; mixtecas y mayas en batallas sin fin, Una raza que después de un esplendor glorioso se negaba a desaparecer y aún más defendía su autonomía acorralados en una de sus últimas ciudades; atrincherados ante la presión militar mixteca se negaba a claudicar en una guerra que no solo diezmaba a los ejércitos de ambos lados; si no que debilitaba a ambos reinos por los recursos que consumía.

» Imagínese mi estimado y perspicaz amigo; la encomienda era secuestrar a una doncella, pero no a una cualquiera, a la mismita hija de la diosa del agua…

» Que con la unión matrimonial apagaría el fuego de la guerra…

» Pero sucedió lo que siempre pasa que los planes de los hombres a veces no coinciden con los planes de los dioses.

» Pues, así como se lo cuento mi intrigado y paciente amigo; disfrazado de comerciante, llego a tierras enemigas; por su entrenamiento privilegiado que le enseño no solo a pelear, si no los secretos del espíritu; logro encontrar a esta doncella.

» Pero usted sabe mi señor güero que la más poderosa armadura y el escudo invencible siempre tienen una grieta; y la debilidad de este guerrero poderoso se encontraba en su pecho.

» Aah…

» Mi estimado amigo; aquel poderoso “señor de la piel de piedra” al estar planeando la estrategia de secuestro y al convivir en aquel palacio maya con la doncella fue hechizado en su punto más vulnerable por aquellos ojos cafés.

» Y sucedió que por ver con los ojos del corazón y no con los ojos de su inteligencia privilegiada, cometió errores que llevaron al plan perfecto fallas que trajeron desgracia.

» Pues al ser descubiertos en la huida, los llevo a una persecución enemiga…

» Pero ¿qué cree mi estimado y paciente amigo?  Que eso solo era el principio de esta gran aventura; pues el corazón de esta doncella pertenecía a otro hombre; un hombre que lucharía con garras y dientes; y mejor dicho don güero; con garras y colmillos…

» Pues este guerrero, este amor mancillado tenía la particularidad de no ser de origen maya, si no mixteco.

» Y sucedió don güero, que el caprichoso destino decidió que en un paraje llamado “la piedra lisa”; justo ahí don güero apersonado en un guerrero oscuro, de mascara de jade estaba el “señor de los pájaros de noche” el aprendiz y pupilo de el más viejo y el más temido de los catorce generales, el nahual sagrado del murciélago; de frente y tapándole el paso reclamando por ley del amor. Dos guerreros del mismo ejército.

» Imagine esto don güero un guerrero cansado por la persecución del enemigo, llevando a cuestas a una doncella que a contra de su voluntad era transportada a un destino incierto y enfrente un guerrero herido por batalla, que defendería el derecho de ser el dueño del corazón de aquella doncella maya, en su redonda lo que quedaba de una misión de secuestro y una misión de conquista.

» Pero andenantes don güero esos enfrentamientos eran cosa seria y de harto compromiso mi apreciado amigo; fue en ese plano donde doncella y guerrero se juraron amor eterno más allá de la muerte, más allá de la vida; fue donde “el señor de la piel de piedra” y “el señor de los pájaros nocturnos” medirían fuerzas al anochecer, ante la expectativa de guerreros y doncella que formaron un circulo como en un coliseo; don güero, figúrese.

» Y así como se lo cuento, mis “tatas” me lo contaron; que aquella media luna fue testigo de un duelo de generales; contaban los viejos que el primero en soltar el catorrazo fue el aprendiz del tlacuache; una laja filosa que zumbo en el aire que por primera vez erraba su blanco, pues aquel guerrero oscuro desapareció enfrente de sus ojos; apareciendo en la espalda de aquel personaje, quebrando la punta de su cuchillo de obsidiana en la espalda con escamas y así como se lo cuento don güero, cuando el mazo del “señor piel de piedra zumbaba el aire, la figura del señor de la noche desaparecía; aquello debió de ser una escena digna de ver don güero. Pero los dos aprendices eran grandes guerreros y el inevitable final término por alcanzar a ambos guerreros, pues en un descuido una laja de obsidiana termino por herir el brazo del “señor de las aves nocturnas” en un efecto casi instantáneo el veneno de coralillo llevaba un mensaje de muerte por la sangre a su corazón; aquel veneno mortal había sido perfeccionado por “el señor de la piel de piedra” pues mataría su corazón casi de inmediato, pero la desdichada victima permanecería algún tiempo entre la vida y la muerte en un estado consiente.

» Pero ¿qué cree que paso don güero?

» Así como se lo cuento; resulta que en uno de sus últimos respiros el señor de la noche, roció con polvos de hongos malos; mi señor don güero a su adversario. Polvos que llevaban la maldición de la muerte a su víctima; pero no una muerte física mi señor güero, sino a una de esas muertes que matan el alma…

» Y la escena que siguió mi estimado y culto amigo, la contaban los viejos con voz quebrada; aquella doncella corrió al cuerpo moribundo de su amado y en un triste sollozo le beso los ojos, y cuentan los viejos que ese beso, no fue un beso cualquiera; no mi estimado.

» Aquel guerrero de la piel de piedra continuo su camino por el “rio culebra” y dicen los viejos que aquel rio quedo hechizado por las lágrimas de esta doncella y fue llamado “el río Atoyac” el río de las lágrimas.

» Y así mi señor güero aquel al que llamaba “el señor de la piel de piedra” entro triunfante a la ciudad sagrada y fue recibido con honores y alabanzas, y esta historia fue escrita debajo de sus pies en aquel monolito.

» ¿Y qué?, ¿en que acabo todo? Jajaja, sea paciente mi estimado amigo; ya le cuento la parte que falta.

» Aquella doncella la dulce “Luna” se casó con “el señor de piel de piedra” y trajo paz a la guerra entre mixtecas y mayas; aunque no se celebró en esas tierras esta unión; lo reconocieron como noble maya y le otorgaron el penacho color de turquesa maya. Desde ese entonces fue conocido como “el señor del penacho color de turquesa”.

» Aquella princesa maya la consumió la tristeza y dicen que en una noche a la luz de la luna se volvió humo y ascendió al cielo;  “el señor del penacho turquesa” se casó con la hija del monarca del señorío “el señor del fuego grande” y fue un buen matrimonio, aunque desafortunado; así como se lo cuento señor güero; la maldición del “señor de las aves nocturnas” lo persiguió hasta su felicidad; pues mato la parte de su alma que da vida;  pues no podía engendrar un heredero.

» Aquel lugar de aquella batalla se volvió conocido por los relatos de los viejos; bueno ahora lo llaman “el tlacuache” y el pueblo ahora se llama Zimatlán.

» Se lo que está pensando mi amigo, está pensando, cavilando ¿Dónde estaría la piedra, el labrado que cuenta la historia de “el señor de los pájaros de noche”?… ¿cierto?

» Pues así como se lo cuento mi estimado amigo, esa piedra se encuentra enterrada en un paraje llamado: “el mogote”, así contaban los viejos mi señor güero, pues esa batalla, ese duelo no fue el último de aquel personaje, no, no, no mi culto amigo; pues en ese beso de su amada, en esa promesa de amor y de aquellas lagrimas que cayeron en su cuerpo moribundo; dicen los viejos mixtecos; que le otorgó el don de la vida eterna….

» ¡Aah, sí mí apreciado amigo! pero esa es otra historia, otra leyenda que se la contare otro día; tal vez mañana, tal vez aquí en la sombra de este árbol ancestral, tal vez a la misma hora y solo tal vez le cuente la historia “del señor del penacho blanco”

» Cuídese don güero…

» Tal vez mañana traiga tamales.

J.S.Pascual (Azeem)

J.S.Pascual (Azeem)

Dicen que un pueblo o una raza mueren dos veces; que se la puede aniquilar de dos maneras; la primera con una invasión e imposición de otro pueblo y la otra; cuando su gente joven deja de oír la voz de los viejos en su cabeza. Y esta historia es la voz de mis viejos que retumba salvajemente dentro de la mía…
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J.S.Pascual (Azeem)

Dicen que un pueblo o una raza mueren dos veces; que se la puede aniquilar de dos maneras; la primera con una invasión e imposición de otro pueblo y la otra; cuando su gente joven deja de oír la voz de los viejos en su cabeza. Y esta historia es la voz de mis viejos que retumba salvajemente dentro de la mía…

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