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El gran ocelote

El gran ocelote.

Aquella luna de fuego, rojo sangre, iluminaba la tenue vereda hacia el llamado cerro de la mesa.

En la expedición tres viejos caminaban con paso firme delante, alumbrados solo por el fuego de la edad en sus ojos, levantando una pequeña nube de polvo cada vez que sus huaraches tocaban el camino. Ala retaguardia un niño jalado como papalote sin cola trataba en vano de seguir el paso de los viejos.

-hale, hale mi niño hermoso, ya casi llegamos…

-Coy mi aliento y mi corazón retumban como tambor.

– ya casi mi niño; ahí te sientas y esperas.

Vociferaba aquel viejo coyote, señalando un cazahuate en medio de la espinera.

Inevitable como el tiempo, llegue solo aquel resguardo, quitando con la boca el olote que tapaba mi bule, tome agua como desesperado; pero un golpe en la cabeza interrumpió mi frenética hidratación.

-Anda, chamaco, sigue tomando agua asi y el dolor del tlacuache, te apretara la panza al rato.

Y como espectros otras dos figuras salieron de las sombras de la penumbra.

-hagamos una fogata, y comamos un poco.

Repuso el viejo Melquiades.

-anda mi niño ya descansaste ve a buscar abrojo y pasto, para iniciar el fuego.

Y asi lo hice de mala gana, juntando pasto y abrojo para la base de la fogata.

Y el fuego levanto su vaho de lumbre, y una olla calentó agua de jiote, y las clayudas se convirtieron en crujientes tostadas, y el tasajo burbujeo su grasita en las brasas.

Tonamin el más grande del grupo saco una olla negra calada,  hecho lumbre en su interior, y el fuego hacia que aquella olla brillara; sacando una reverencia a los tres viejos.

-qué bonito coy, esa olla se ve mágica.

Y aquel viejo coyote puso aquella olla flameante en mis manos

Esto mi niño es el corazón del gran ocelote; y sirve para encontrar las hiervas que venimos a buscar.

-no entiendo coy, de que hablas.

-la luz titilante y en trozos que da la olla calada nos sirve para identificar la hoja de la hierba que venimos a buscar.

-ven la caminata de búsqueda de “hoja mancha” nos da tiempo también de que te cuente una historia, la historia de este lugar.

Hace mucho tiempo, pero mucho tiempo, en la época de los antiguos, en esta mismita tierra, existían animales como gatos, de piel amarilla como el oro.

-qué miedo coy, esos gatos comen carne de gente.

– esos gatos grandes no comían carne como ahora mi niño hermoso, vivían de raíces, y frutos.

Estos gatos  cuidaban estas tierras; y junto de ellos la gran sacerdotisa tierra negra 5, y los animales, los hombres, las plantas y la tierra vivían como hermanos.

Ellos Vivían de lo que la buena  tierra daba, Pero un día de un sixt, de una cueva salió un «ñi sabbie» , una calamidad; un gran ocelote; quien comenzó a poner el desorden mi niño.

-changos, coy

-Cuenta la leyenda en piedra que este ocelote gigante enseño a comer carne a sus hermanos gatos, y cuentan los viejos que comer carne los hacia poderosos y salvajes.

Y dicen mi niño; que comenzaron a atacar a animales y gente por igual.

Aquella noticia pronto llego a oídos del soberano y mando guerreros que vinieron a combatir en contra de los ocelotes.

-Se armaron los cocolazos coy.

-Así es mi niño, pero el gran ocelote era muy poderoso y su piel no la cortaba la obsidiana, y muchos murieron y la tierra de estos cerros se llenó de sangre y dolor, pero sobre todo miedo.

Hubo en ese tiempo un poderoso guerrero de un pueblo vecino, una raza ajena, tal vez enemiga de un lugar cercano; quien pensó que aquellos animales cuando no tuvieran que comer migrarían a los pueblos siguientes.

Aquel guerrero era un guerrero coyote, sus tropas vestían pieles de estos animales, sus lanzas y flechas eran precisas como mortales pues veneno de hierbas traían en la punta.

Pero nuevamente los esfuerzos de los hombres fueron en vano pues el gran ocelote tenía la piel dura e invencible.

-chispas coy, y que paso como lo vencieron; porque si lo vencieron verdad?

– ha mi niño, Como te dije antes, aquí también vivía una sacerdotisa poderosa, y esa mujer mágica tenía un hijo joven, nacido de la tierra, del fuego y el agua.

Su nombre era el “fuego que todo lo quema” el “fuego que no puede ser apagado”

Y asi fue como aquella mágica mujer mando a su hijo con el “fuego eterno”, “la lumbre que todo lo quema” en un cántaro de barro y en su mano puso el gran cuchillo de obsidiana.

El fuego era tan intenso que tardó poco en comerse aquel contenedor hecho de tierra, lo quemo tanto que lo puso negro.

Aquellos guerreros hermanados por la amenaza  de los ocelotes, pelearon hombro a hombro con aquellos gatos grandes, abriéndole paso para que aquel joven llegara ante el gran ocelote.

Cuando estuvo ante el mi niño aquella olla que contenía el fuego grande, de esos hoyos salía como flechas de fuego. Su luz era ten fuerte, tan poderoso que en cada golpe que le daba a aquel gran animal, el fuego eterno que escapaba por los hoyos del cántaro quemaba la piel de aquel gran ocelote haciéndole hoyos a su impenetrable piel.

Y cuando este cayó al suelo preso de las quemaduras, aquel joven siguiendo aquel camino quemado en la piel del gran felino, hundió su cuchillo de obsidiana acabando con su vida.

Cuenta la leyenda que aquel joven gobernó estas tierras, vestido con aquella proeza y arropado con aquella piel quemada; Desde entonces los ocelotes grandes nacen con la piel quemada en hoyos del fuego eterno, y a los gatos grandes -los gatos de monte- visten una piel de ceniza por la misma razón.

-pero coy que paso con el guerrero coyote?

Pues bien mi niño, aquella batalla hermanó a estos grandes señores; de pueblos, de razas diferentes y tal vez enemigas. Y asi nació la primera alianza entre zapotecas y mixtecas, y aunque la tregua fue de dos pueblos pequeños, demostró que estos hombres pueden ser hermanos y aquella pequeña alianza se le llamo “la alianza de los coyotes y ocelotes” y  ese cerro que se llamaba “el cerro de los gatos grandes”, se le llamo “el cerro de la batalla de los coyotes” para honrar ese episodio.

Aquel soberano en agradecimiento obsequio a sus aliados parte del fuego eterno que fue llevada a la ciudad sagrada, y aquel poderoso puñal de obsidiana fue fragmentado y una punta de ese pedernal fue puesta en el arma de aquel general de los guerreros coyotes.

-pero coy que paso con aquella mujer mágica?

Y porque solo se puede ver la “hierba mancha” con esa luz y que tiene que ver con el gran ocelote coy?

Aquella mujer mágica llenó de vida y orden estos cerros, ella enterró la olla sagrada y la fundió con la tierra de este lugar, por eso el barro aquí es negro, quemado por el fuego eterno y por eso solo los hombres pueden extraer el barro, pero esa es otra historia que te contare después, junto con la leyenda de la “hoja mancha” la hierba que crece donde la sangre del gran ocelote fue absorbida por la tierra.

Aquella gran aventura de mi infancia me enseño aquella noche de San juan historias antiguas y como curar “el soplo de corazón”

Ahora que el tiempo me hace regresar por hoja de “hierba mancha” al único lugar donde crece, y mis huaraches levantan polvo abriéndoles paso a mis dos princesas Ana y Romina, retumban en mi cabeza aquellos relatos de aquel viejo coyote.

-porque la olla negra de hoyitos ito?

-si abuelo esa olla con lumbre adentro se ve mágica…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

J.S.Pascual (Azeem)

J.S.Pascual (Azeem)

Dicen que un pueblo o una raza mueren dos veces; que se la puede aniquilar de dos maneras; la primera con una invasión e imposición de otro pueblo y la otra; cuando su gente joven deja de oír la voz de los viejos en su cabeza. Y esta historia es la voz de mis viejos que retumba salvajemente dentro de la mía…
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Dicen que un pueblo o una raza mueren dos veces; que se la puede aniquilar de dos maneras; la primera con una invasión e imposición de otro pueblo y la otra; cuando su gente joven deja de oír la voz de los viejos en su cabeza. Y esta historia es la voz de mis viejos que retumba salvajemente dentro de la mía…

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