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¿Por qué todos estamos en el hoyo?

El hoyo se estrena en un momento mundial en el que el Coronavirus tiene a la gran mayoría de los países en su propio hoyo, en casa...

El Hoyo dirigida por Galder Gaztelu-Urrutia, es una película que recientemente ha debutado en la plataforma de Netflix. Se trata de una distopía o antiutopía de una sociedad ficticia indeseable donde la prisión es un agujero sin aparente fin y del cual poco se sabe si los que entran, realmente salen.

Al parecer la única regla existente a favor de quienes ingresan es la posibilidad de entrar con una sola cosa, la más significa que uno pueda tener, así vemos entonces que entran a esa penitenciaria, dinero, cuchillos, katanas, un perro, una alberca, silla de ruedas, tabla de surf, un libro y aparentemente un niño, muy a pesar que las reglas de El hoyo no permiten el ingreso de menores de 16 años según la administración.

El hoyo se estrena en un momento mundial en el que el Coronavirus tiene a la gran mayoría de los países en su propio hoyo, en casa, donde de acuerdo a esa cárcel, los primeros niveles o pisos tienen la comodidad de estar comido, bebiendo o fornicando, según sea el nivel y entre más bajo el nivel las preocupaciones son otras, como comer y sobrevivir.

Muchas de las críticas en torno a la película proyectan a un capitalismo tóxico donde la Administración del Centro Vertical Autogestivo mejor conocido como El Hoyo retratan la vida del hombre comiéndose al hombre, literal; pero la verdadera crítica no se centra en el compartir el alimento en los diferentes niveles en los cuales se accede a través de la única plataforma, sino lo que implica que los de arriba no escuchen a los de abajo porque están arriba, en el privilegio y difícilmente un privilegiado escuchará a uno que no lo es, porque evidentemente no es el comunismo y los de abajo que están abajo acumularán hacia los de arriba resentimiento que cuando les toque según la suerte estar arriba, no van a mirar a los de abajo. Si no me creen ¿Cuántas veces ustedes mismos han visto a una persona en la calle pidiendo limosna?, solo cuando se es niño y está en el mismo nivel por la altura entre el indigente, ambos son verdaderamente vistos y en igualdad de circunstancias, no pueden decidir su futuro.

La comida se vuelve el centro principal de la discusión de la película, esta solo nos pertenece mientras está en nuestro nivel. Sucede lo mismo con las oportunidades de supervivencia. ¿Lo han entendido? Una vez dentro no podemos salir hasta que transcurra el tiempo acordado. ¿No son así son los contratos?, ¿los créditos?¿los empleos?

Uno entra voluntariamente a El Hoyo, el hoyo es totalmente personal, uno entra para obtener algo, un título homologado, una pantalla, un celular, comida, el samurai max o el samurai plus y todo eso para cambiar nuestras vidas. ¿En realidad nuestras vidas cambian? No. Simplemente un día amanecemos en otro nivel, pero nunca salimos y nunca estaremos en el nivel cero de donde la administración como emisora manda por medio de un canal un mensaje que es la comida, la mercancía bien elaborada, los receptores son los prisioneros. La vorágine de los primeros pisos no dejará nada para los menos privilegiados en ese mes.  

Uno entra al hoyo a veces porque la vida nos da a elegir entre ir a terapia (el hospital psiquiátrico o El hoyo), y la gente aún no está preparada para escuchar decir a alguien voy a terapia o padezco de tal enfermedad mental, de igual manera pareciera que es como el Coronavirus, uno estornuda en público y la gente se aleja, por eso es mejor El hoyo, a nivel social es más aceptable un asesino que un enfermo mental.

Por eso todos accedemos a ir al hoyo personal de forma voluntaria, principalmente porque no sabemos como gestionar nuestra hambre nuestras emociones, nuestro comportamiento violento y humano en donde es común tener apego por las cosas materiales o por las personas a quienes tratamos como un objeto de nuestro placer mientras estemos en niveles que permitan tener la lívido y la cero empatía, solo la autosatisfacción. Ahí es donde están los detalles de la película.

El filme es pues distopía piramidal, en la que una serie de personas son encerradas en diferentes niveles y todas deben compartir el alimento, lo que implica que aquellas que estén en las primeras plantas acaban con casi toda la comida, mientras que los que están en los pisos más bajos se quedan sin nada, fomentando un sistema en el que los que están más abajo acaban sucumbiendo a sus instintos más básicos para sobrevivir. Además de ser un círculo vicioso, ya que los cautivos cambian de nivel al azar de forma mensual; se asemeja a nuestra realidad actual en donde la gran mayoría se encuentra encerrados en sus casas, en su propio hoyo, esperando el momento para comer o dormir, unos hasta de forma graciosa ya mencionaron en sus redes sociales que se han acabado sus provisiones de la alacena debido al mal manejo de su ansiedad, otros porque no les queda de otra y deben de salir a buscar el sustento para comer, para sobrevivir.

Con lo anterior descrito, pareciera que El Hoyo es pues una película política que critica al sistema capital (la administración del Centro Vertical de Autogestión), sin embargo, evidencia también que el socialismo fracasa también debido a que de nada sirve que una persona desde el privilegio trate de avisarle a los que están abajo que deben racionar la comida y a pesar de racionalizar la comida también deberán comer solo lo necesario, siendo que por un día que no se coma no pasará absolutamente nada y así más personas podrían vivir, gracias a la economía del derrame, no obstante, la luchas de clases de forma unidireccional dejan entrevisto un clásico muy desgastado en la que los ricos son muy malos y los pobres son las víctimas por esa verticalidad existente; aquí se explica bien el nombre de Centro Vertical, pero ¿y la autogestión?

La autogestión es un sistema de organización donde todas las personas trabajan participativamente sobre su desarrollo o funcionamiento, de esto la administración que bien puede ser el sistema social, los políticos, el dinero, los países e incluso la religión, no escuchan o no conocen o no quieren reconocer que el humano es una especie miserable lleno de egoísmo que solo se limita a comer y si es posible a comerse al otro con tal de sobrevivir de tal manera que en El Hoyo no existe tal parámetro de gestión hasta que inicia el descenso hacia la búsqueda del mensaje.

En este punto ya hubo la participación de dos actores o acompañantes de celda, el capitalismo tóxico y el comunismo – religioso mal operacionalizado, a partir de ello, un tercer actor entra al quinto mes, con quien en compañía del actor principal buscan darle un mensaje o un pulso a la Administración.

El mensaje, es viajar a través del canal de comunicación que tienen todos los niveles, (la plataforma de comida), por donde los protagonistas van a descender hasta el último nivel con la finalidad de dividir raciones y devolverle a la administración (que está más preocupada por los detalles de la comida o del consumo que en el desarrollo humano del centro penitenciario) una retroalimentación simbólica en forma de pana cotta. Esta acción por más anárquica que parezca representa una problemática importante en donde se matan a la mitad de las personas en ese intento porque el mensaje violento para exigir colaboración no siempre es bien recibido y no siempre hay grandes logros, pues el egoísmo y la supervivencia crece en cada humano o bacteria. Es apropiarse exponencialmente del otro, vivir como un parásito hasta acabar con sus recursos y morir.

Aquí claramente el tema no es la lucha de clases, es representar una sociedad cada vez más segregada en la que un día de suerte puedes estar en el piso 3 con el privilegio de comer y en el otro tienes que matar para comer, de tal forma que esta no es una película sobre los ricos que explotan a la gran mayoría, es una película que habla del egoísmo más profundo pues ha experimentando la hambruna y por eso sienten que están en igual derecho de ser igual de miserables que los que menos tienen dejando desprovisto la incapacidad del hombre para cambiar y para ayudar al otro.

Utilizando la lógica aplastante, considero que puede haber una mejor distribución de la riqueza, lo importante de El Hoyo es que no apunta hacia arriba, hacia la administración, sino hacia abajo, hasta la autogestión personal de nuestra humanidad, cambiar al mundo requiere de ser solidario y menos individualista, ciertamente la película pretende tener un discurso progresista que lo único que muestra es lo miserable que puede ser el género humano.

Al final el protagonista cree internamente que necesita ser el portavoz del mensaje, que todos vean que pudo salir de El Hoyo evidenciando todos los horrores de la verticalidad en la que vivimos, pero la conciencia indica que no necesitamos de hiperlíderes políticos efímeros que nos digan como actuar bajo las circunstancias y es ahí donde uno debe de desposeerse de la verdad, de lo material para la transcendencia, desposeerse del propio ego porque una vez entendido el mensaje, este subirá.

El mensaje que lo encarna una pequeña niña en el último piso deja un final abierto y no deja en claro muchas cosas y sí muchas preguntas cómo ¿Las nuevas generaciones realmente entenderán este mensaje?, ¿la retroalimentación que hacemos hacia la administración es realmente contundente y crítica? ¿El mensaje (la niña) realmente llegará a las personas en todos los pisos? Ahí está la importancia y la explicación de la actuación de la niña al final del El Hoyo, ella puede existir o no, lo que importa es que simboliza la esperanza, una nueva generación con posibilidades de modificar la conducta humana.

Autor: Kalid Barraza.

Kalid es maestrante en comunicación social y política, diplomado en comunicación gubernamental, docente, CEO y social media manager.

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