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Los senderos de plata en Oaxaca.

Aquel viejo que encumbraba un sombrero café  a una cabeza cana, enfundado en una charra mojada que como guajolote cuidando a sus “coconitos” resguardaba los pasos “brinca charcos” de aquel niño que debe estas palabras escritas a tan singular personaje.

-Hale, hale mi niño hermoso resguardémonos en la gran catedral; ven aprisa que la lluvia moja las hierbas del morral.

Ante mí vista las puertas de una nave de cantera abría su resguardo al eco de nuestros pasos. Aunque ahora que lo pienso los huaraches del viejo nunca hicieron ruido.

Caminamos sin para hasta una capilla al fondo de aquel majestuoso monumento de la fe Oaxaqueña.

Aquel viejo hincaba una rodilla en aquel mosaico ancestral, todos los ahí presentes eran testigos de este choque cultural, de fe, y de tiempo sin saber; yo que entendía bien aquella escena se quedaba impresa en mis recuerdos. Ante mí el último de los antiguos, de frente al dios que aunque vino de otras tierras nunca fue ajeno en esta.

-Anda mi niño, descansa un poco esas piernas, y descansa un poco también ese espíritu indomable; ven esperemos a que la tormenta pase. Púes este lugar es un lugar de paz.

-Es verdad coy, aquí se respira una tranquilidad, una paz…

Mi vista recorría cada centímetro de aquella capilla, maravillando mi vista y llenando mi aliento de aquel olor floral y de incienso.

-mira coy otra puerta

-si mi niño esa puerta ahora clausurada fue testigo de muchas historias; de pena, de dolor, de victoria y hasta de piratas.

-cuéntame coy, cuéntame una historia de esas.

-es justo mi niño, Pero cuál te contare?

El viejo se llevó una mano a la barba inexistente del mentón afilado, y viéndome de reojo dijo con voz solemne y espectral.

-Escucha con atención mi niño Te contare la historia de santos, piratas y masones, te contare la historia de “los senderos de plata” pues algún día le has de contar esta historia a tu sangre nueva; si los dioses son generosos contigo y permiten que te crezca la barba.

Y te voy a regalar una profecía:

Esta historia, este sendero de plata te llevara a tierras lejanas.

-Pero coy? No entiendo ese camino existe aún, o como, o que es?

-Algún día estas palabras tomaran sentido; pero ese será otro tiempo. Ya verás…

Hace mucho, pero mucho tiempo mi niño en la época de “el abandono” en la época donde El «ñi sabbie» de sangre castigo estas tierras, donde los españoles; comenzaron a vivir en este señorio y la sangre se mezcló.

En aquellas épocas llego de tierras lejanas un señor huyendo de un pasado misterioso, un pasado con olor a mar y pólvora.

-un pirata coy!!!

– si mi niño hermoso.

Aquel bucanero, descendía de la corte real de un señor poderoso, llamado “el rey santo” el rey de unas tierras llamadas: “las tierras de Castillas” desterrado por sus padres, busco la fortuna en las transportaciones de plata por la mar; Después de reunir una pequeña fortuna le entro al negocio de la minería y comercio; sus posesiones las acumulaba en plata; pues aquella gente en aquel lugar creía que el oro llamaba a los demonios y la plata los alejaba; así mismo cuando los hijos se casaban o cuando eran bautizados los protegían con este brillante metal.

-Pero coy, como le hacían? Les ponían una armadura?  O cómo?

– no mi niño hermoso, hacían caminos de plata hacia los lugares sagrados; a sus iglesias pues.

Para evitar la codicia y la pillería, ponían una alfombra de color rojo encima.claro, custodiada por sirvientes.

-como los mentados masones?

– ya vas entendiendo mi niño; pero espera a escuchar el relato primero, guarda tus ideas un “ratoncito”

Por esta puerta mi niño y hasta la casa de estos señores, en cada compromiso de iniciación o alianza -como un bautismo, o boda- ponían un camino con lingotes de plata.

-y porque nadie cuenta de esto coy, era una costumbre muy “chipocluda” no?

-porque la plata de aquellos caminos era dada como limosna; y la plata que no se registra en los libros de contabilidad, no existe;  y los dineros como esos en aquellos tiempo levantarían sospechas de los curiosos, a los mandamás del rey.

Pero así como te lo cuento mi niño hermoso, por esa puerta llegaba aquella vereda plata, hubo una vez, que una tormenta y el paso apresurado de los oaxaqueños descompuso y enlodo aquella alfombra roja en un bautizo y aquel camino oculto de plata brillo, el evento fue tan famoso que se habló por mucho tiempo de esa vereda de plata.

Y así pasó a la historia, como el día en que un adinerado minero de plata, hizo un camino brillante desde su casa hasta esta puerta de la catedral.

Pero muy pocos saben lo que esa historia oculta, y solo los que son dignos pueden conocer esta otra cara de esta historia.

-espera coy, tu dijiste que también era una historia de santos y masones…

-ha si mi niño hermoso.

Ven aquí y mira que hay enfrente de tus ojos?

-la figura del crucificado coy.

-y que hay junto, mira bien; piensa en lo que te dijo nuestro amigo que nos llevó a los “túneles secretos”

– los pilares coy, maestro y alumno, uno en caja y otro en orbe, “los siete caminos plata” coy; y decía algo de los iniciados protegidos; pero no recuerdo

-“entre una alma blanca y una oscura, solo el punto medio lleva a la riqueza”

-pero no entiendo coy?

– no te preocupes mi niño algún día llegara la respuesta a tu cabecita; solo agregaré al relato; que cuando la descendencia de este linaje dejo hacer el camino de plata en cada compromiso; comenzó la plata a irse, y acabarse.

-Y así como los legados terminan, comienzan otros. Como la leyenda de esta figura, que sobrevivió al fuego causado por un rayo, de ahí su nombre; su procedencia juanina y española tiene una historia peculiar y hasta misteriosa; así como las rosas azules que solo algunas veces ponen, rosa mensajeras de voces del pasado, de masones, santos y piratas que te contare otro día, mi niño hermoso. Ven mi niño la tormenta ha pasado y es hora de seguir nuestros pasos a casa.

Esa tarde me lleve más preguntas que respuestas pero como el viejo lindo siempre dijo, hasta que fui digno pude entender el resto de la historia la conocí; Como el viejo coyote predijo aquel relato del camino de plata me llevo a lugares lejanos y a conocer gente que completara dicha historia.

Ahora que el tiempo ha pasado y un temporal me ha atrapado en esta catedral miro impasible la figura central; erguido en el centro de la injusta balanza, los cuatro pilares rayados gritando voces de masones, mártires y santos, mis manos ocupadas por las manos de mis princesas Romina y Ana mientras sus curiosos ojos se maravillan de “la capilla del señor del rayo”

-mira ito, los cuatro pilares, “los siete caminos de plata”

– “En oro, una torre, de azur, sobre ondas de azur y plata” o no abuelo?

-Cierto mi niñas hermosas, quiero contarles una historia de santos, masones y piratas, la historia de un bucanero llamado “el célibe gris”, historia de las veredas de plata…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

J.S.Pascual (Azeem)

J.S.Pascual (Azeem)

Dicen que un pueblo o una raza mueren dos veces; que se la puede aniquilar de dos maneras; la primera con una invasión e imposición de otro pueblo y la otra; cuando su gente joven deja de oír la voz de los viejos en su cabeza. Y esta historia es la voz de mis viejos que retumba salvajemente dentro de la mía…
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Dicen que un pueblo o una raza mueren dos veces; que se la puede aniquilar de dos maneras; la primera con una invasión e imposición de otro pueblo y la otra; cuando su gente joven deja de oír la voz de los viejos en su cabeza. Y esta historia es la voz de mis viejos que retumba salvajemente dentro de la mía…

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