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Casildo el primer perro coyote

Casildo el primer perro coyote.

La tarde lluviosa impregnaba de humedad el ambiente, y el ondulante movimiento de unas cortinas de una ventana abierta albergaba a varios rehenes de aquella tarde lluviosa, y como cerillos en una casa nos juntábamos en un negocio del centro de Oaxaca.

-Híjole abuelo ahora si se dejó caer “refuerte” el aguacero; bien decías viejo lindo que olía a humedad

-si ito, que bueno que a ese propósito trajimos “con queso” para defendernos del frio.

Por aquella ventana y ante la mirada de todos los ahí presentes un can llegaba a paso veloz a rascar la puerta de enfrente,  y entre abriendo, la entrada con el hocico como contraseña mágica logro penetrar aquella puerta de madera.

-“a su mecha” abuelo viste ese can, es todo un loquillo. Es el perro famoso; el que baila en las calendas.

-lo que me recuerda ito, que nos debes una historia, que sopretexto de la lluvia no nos contaste en la plaza, nos prometiste un cuento de un perro malo que se volvió bueno.

-Mi niña hermosa los animales no tienen la cosa mala adentro como los humanos ellos solo responden a lo que viven, pero tienes razón y soy de palabra; les contare la historia de un perro que también fue famoso, así como valiente; “Casildo”  el primer perro coyote.

Hace mucho pero mucho tiempo en la época del abandono, en la época del sabbie de sangre; cuando la gente sufría de una colonización que a muchos aun le sigue doliendo; en aquella época Los fueranos blancos tenían una práctica terrible, que todo mundo temía; les decían “los aperreamientos” y consistía en que a los rebeldes, los conquistadores los juntaban a las afueras del pueblo y les echaban unos perros de guerra; estos mordían sin piedad, todos corrían pero siempre eran alcanzados por estos canes, estamos hablando de 20 o 30 perros mis niñas; las pobres gentes gritaban y lloraban hasta que la señora muerte pasaba por sus hijos.

-Híjole abuelo que mal plan…

-si ito, que mello.

-así mero era mis niñas pero sucedió que un día en una plaza lejos de aquí en un lugar que ahora llaman ciudad de México, una natural tlaxcalteca acusada de robo, junto con otras almas desafortunadas fue sentenciada a este destino.

Aquella mujer se llamaba María Gudelia;  o a lo menos así la bautizaron; aquella tlaxcalteca sabía bien que a un coyote se le domestica con cebo de su misma especie; así que cuando llego la hora de la verdad se unto en la mano esa manteca y corrió, no tardaron en darle alcance aquellas fieras cuadrúpedas mis niñas, pero al oler  el cebo de coyote estos dejaron de perseguirla, excepto uno; que parecía el más grande, el más feroz; pelandole los dientes se acerco peligrosamente a la cara de María.

Aquella mujer arrinconada en una pared extendió la mano, mientras decía “perro bueno, perro bueno, perro bonito”

Y como si de una magia se tratara el animal dejo de gruñir; aquel animal confundido no solo dejo escapar  a su presa; sino que juntos escaparon entre la maleza; Y cuentan los viejos que al perdonarle vida y ella al escapar ese  perro, esa fiera de orejas mochas la siguió a su casa y ahí se perdieron por ese día.

-Chispas abuelo, pero no fueron a buscar al can, no se dieron cuenta del escape?

-Deja que cuente la historia Ana…

Así mi niña en el instante no se dieron cuenta pues todo mundo miraba a los demás perros acabar con los otros condenados, pero al terminar el espectáculo salvaje, comenzaron a buscar aquel perro desertor y tardaron pronto en llegar a casa de María; pero estos mujer y perro ya no estaban ahí.

Y así como se los cuento mi niñas hermosas ese can, falto de cariño encontró una compañera. Como los dos eran fugitivos, agarraron rumbo al sur y caminaron y caminaron y la gente notaba aquel animal extraño, que no se veía por estos lugares; María contaba la historia de muerte y amistad que nació de un «aperramiento» .Y de tanto en tanto, así como se los cuento, María llego a la Verde Antequera y se quedó a vivir con unos parientes de aquí, parientes que eran comerciantes también, vendían hierbas, ollas de barro, y bules.

Y así paso el tiempo escondidos entre el monte, de vez en vez aquel perro se perdía en la montaña a cazar, y de tanto en tanto llego un día donde el perro enfermó, y su panza se inflo como globo.

-Pero que le paso al perrito bueno ito?

-sí abuelo de que se enfermó?

-pues resulta mis niñas hermosas que aquel perro no estaba enfermo y resulto que no era un perro.

-Ósea como abuelo, “ora” resulta que era un caballo?

-No Ana a lo que ito se refiere es que era una perra, una hembra, o no ito?

-cierto es mi niña; así es pues resulto que de esa panza abultada nacieron unos cachorros, y resulto que todos murieron menos uno.

-A ver, a ver abuelo para tu carro” y como se preño la perra buena, de donde salió otro perro?

– pues resulta mis niñas que cuentan los viejos que en el monte el animal encontró a sus semejantes y se cruzó con un coyote.

Y así como se los cuento mis niñas a ese primer cachorro le pusieron como nombre “Casildo” y fue el primer perro coyote, y fue Oaxaqueño, y él tuvo grandes aventuras y fue famosísimo en Oaxaca pues Casildo, el perro coyote le dejo sus marcas de dientes y colmillos al Márquez de la Verde Antequera al mismito Cortés y a su hijo; cuando a María se la quisieron llevar; pues ese señor  secuestraba jóvenes y se las llevaban, y dicen que fue el mismito Casildo, quien se enfrentó al mismito “perro negro”

-A su mecha abuelo ese can y esa María «si se las tráiban » no?

-Pues veras mi niña hermosa la historia se contó tanto que la gente comenzó a saber como acabar con los «aperramientos»

Pues los canes no atacaban a las gentes que se untaban cebo de canino y tiempo después hasta hubo un preparado de hiervas que lastimaba el olfato de estos terribles perros.

con el tiempo y ante estos remedios, los fueranos dejaron de practicar estos espectáculos de escarmiento.

y este episodio quedo como anégdota y desde entonces nació la frase «echar los perros» cuando los mancebos jóvenes pretendían a una dama con todos sus recursos, decían: «echale los perros» para señalar que esa dama no tenia escapatoria a los «perros» encantos de su «conquistador»

-ahora cuéntanos como es que «Casildo» se enfrento con el hijo de cortés o mejor, mejor cuéntanos como se enfrento al perro negro.

Esas mis niñas son otras historias que algún día les contare, porque la lluvia ha parado y hay que llegar al mercado, hay que comprar hierbas pal remedio de la tía Juana, así que vamos mis niñas.

Y así reanudamos nuestro peregrinaje, rumbo al mercado de abastos, mientras la multitud se desmoronaba en nuestras espaldas.

J.S.Pascual (Azeem)

J.S.Pascual (Azeem)

Dicen que un pueblo o una raza mueren dos veces; que se la puede aniquilar de dos maneras; la primera con una invasión e imposición de otro pueblo y la otra; cuando su gente joven deja de oír la voz de los viejos en su cabeza. Y esta historia es la voz de mis viejos que retumba salvajemente dentro de la mía…
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Dicen que un pueblo o una raza mueren dos veces; que se la puede aniquilar de dos maneras; la primera con una invasión e imposición de otro pueblo y la otra; cuando su gente joven deja de oír la voz de los viejos en su cabeza. Y esta historia es la voz de mis viejos que retumba salvajemente dentro de la mía…

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